
MAG fortalece acopio, secado y comercialización de cebolla en la Zona Norte de Cartago
septiembre 14, 2026- Costa Rica avanza hacia una ganadería más rentable, resiliente y baja en emisiones, fortaleciendo la sostenibilidad, financiamiento y nuevos mercados.
La transformación de la ganadería costarricense, mediante la aplicación de Medidas Nacionalmente Apropiadas, conocidas como NAMA, avanza en un proceso que evidencia que la rentabilidad está asociada a la resiliencia y a la adaptación a las condiciones extremas de clima y otras variables.
A la fecha, más de 4100 fincas implementan las medidas NAMA, lo que equivale a una extensión de 200 mil hectáreas en las cuales se aplican tecnologías que aumentan la productividad y los ingresos del productor, consolidando uno de los procesos más importantes de transformación productiva y climática del sector agropecuario nacional.
“Costa Rica ha construido una experiencia reconocida internacionalmente en políticas de descarbonización y producción sostenible. La NAMA Ganadería lleva esa experiencia directamente al territorio y a las unidades productivas. Las medidas impulsadas están orientadas a que las fincas puedan producir más y mejor, utilizar eficientemente sus recursos, reducir costos, conservar sus suelos y enfrentar con mayor capacidad los efectos climáticos extremos. La actividad ganadera bajo este concepto demuestra que la acción climática no tiene que estar separada de la rentabilidad”, manifestó el Ministro de Agricultura y Ganadería, Juan Gabriel Ramírez Guillén.
Este sistema está contribuyendo a preparar las fincas para enfrentar escenarios climáticos adversos, los cuales pueden provocar déficit o aumento de lluvias, disminuir la disponibilidad de forraje y agua, así como afectaciones sobre la productividad ganadera.
Las acciones NAMA se vuelven estratégicas también ante la presencia de fenómenos como El Niño, y otros eventos climáticos, porque las fincas deben prepararse antes de que llegue la emergencia para proteger la producción, los ingresos y el patrimonio de las familias productoras.
Por otro lado, una finca que mejora sus suelos, conserva agua, incorpora árboles, aumenta su productividad y mitiga sus emisiones, puede contar con mejores condiciones para acceder a financiamiento y mercados diferenciados.
Este es precisamente el siguiente paso que se plantea el país, para convertir esa transformación productiva y ambiental en nuevas oportunidades de financiamiento, incentivos y mercados que reconozcan el esfuerzo de quienes producen de manera sostenible. “Porque cada hectárea que captura carbono, cada árbol que se incorpora al sistema productivo, cada mejora en el suelo y cada kilogramo adicional producido con mayor eficiencia, representa una oportunidad para combinar producción de alimentos, conservación ambiental y generación de ingresos”, concluyó el jerarca rector del Sector Agropecuario.




